AGRADECIMIENTO

AGRADECIMIENTO



Estos testimonios fueron publicados en la la web huellas-foro.es, gracias a su administradora y creadora Chantillí.



Ahora se publican aquí con la idea de ayudar a otras mujeres que se puedan sentir identificadas.



Gracias Chantillí y a tu web por tu inestimable ayuda.

miércoles, 28 de octubre de 2009

8-El Desenlace

Llevaba un año que ya no me sentía nada ni nadie. Había aguantado el último desprecio por parte de su familia en las navidades anteriores (2001). Nos habían invitado a cenar en nochevieja a casa de su hermano y al llegar nos dijeron "éramos pocos y parió la abuela ¿como se os ocurre venir con los niños?" yo CREI morir, mi hijo tenía 7 años y se quedó parado, pero su papá se sentó a comer mientras yo decía pues nos vamos. Él seguía ahí sentado, como si nada, nada le molestaba. Al final pusieron al niño una silla y un plato y a la pequeña me la arrimé en el cochecito. Nunca se lo perdoné, ni a él ni al resto, era la primera vez que me invitaban y menudo chasco.

A partir de ese momento empecé a sentirme fatal, no dormía, tenía más vértigos que nunca e iba viendo demasiados desplantes por su parte que no aguantaba. El año 2002 fue un año entero que pasé a su lado pero deseando no estarlo, incluso soñaba que se moría. Llegó la boda de su hermano con mi mejor amiga, mi amiga desde la infancia, la que había estado conmigo siempre y como se encargaron de ponerla en mi contra ni siquiera me hablaba y puso como condición ir a su boda sin los niños, sabía lo que más me dolía y no fui. Así que su familia rompió con él por ese feo y él me culpaba a mí. Yo ya no podía más, me sentía muerta por dentro. Un día me metí en el baño, cogí una cuchilla, llené la bañera y quise acabar con todo, pero mi hija empezó a llorar y a llamarme desde su habitación, se había despertado y ya no pude hacerlo, ella me salvó.



En otoño me compré el ordenador, necesitaba aprender a manejarlo para el trabajo, y al final cedió. Cuando tuve Internet me pasaba el día buscando paginas sobre malos tratos, necesitaba convencerme a mi misma de que tenia razón, estaba siendo maltratada, lo vi claro, pero no me había vuelto a pegar desde que amenacé con dejarle, y sus puños iban al lado de mi cara, a la pared, con un "no, no te voy a pegar, no te voy a dar el gusto", y no, no me pegaba. Empecé a entrar en un canal de chat y me divertía, al principio solo leía y me sentía acompañada, al perder a mi amiga ya no veía a nadie. En febrero de 2003 tuvimos una gran bronca, había empezado a hablar algo y él se cabreó, decía que me oía teclear y que se había acabado el ordenador, yo lloraba le juraba que solo hablaba con un par de chicas, pero él no me creía como de costumbre y yo no mentía. Me prohibió Internet así que sólo lo abría cuando él no estaba siempre con miedo de que apareciera o llamase para ver si estaba conectada o no.



Ya tenía una angustia más, me había quitado todo y ahora me quitaba mi único entretenimiento. Empecé a odiarle, a odiar esos interrogatorios en los que insinuaba cosas que luego decía que yo malinterpretaba que solo se preocupaba por mi, a odiar estar a su lado, verle, todo.



Una noche (domingo) mientras mi hijo cenaba él veía el fútbol, era lo único que le importaba, sus partidos, el Madrid iba ganando y yo estaba tranquila por que si perdía tenía bronca segura (viendo el fútbol bebía sin parar). En el descanso me dijo que llamara a una hamburguesería a pedir unos sándwiches. Cuando cogí la guía no encontré el número, ni por un nombre, ni por otro, no había manera. Entonces se puso furioso: "joder, coño, tan lista que eres para unas cosas y lo gilipollas que era para otras, solo te importa tu trabajo y tu ordenador, hija de puta ya no te ocupas de tu familia". Yo salté, le dije que ya, que se había acabado, que no podía más, miré a mi hijo, seguía comiendo con la cabeza agachada sin querer mirar y le dije "te dije que delante del niño no, que eso no lo aguantaba" me dijo "como si el niño no supiera lo hija de puta que eres".



Me fui a dormir llorando, al día siguiente y como siempre hizo como si nada hubiera pasado, pero yo ya no podía mas y le pedí la separación, ya podéis imaginar sus lágrimas, su no volverá a pasar, perdóname, te quiero mucho, pero yo ya no podía perdonarle más. Así llegué hasta el miércoles, él decía que no se iba, fue al hospital por un ataque de ansiedad, lloraba todo el día, hacía que era un buen padre, pero yo sólo vomitaba, es lo que recuerdo, el día entero vomitando. El jueves llame a mi madre, él no se iba a ir, había incluso reservado una mesa para ese viernes que era el día de los enamorados, aunque jamás lo celebramos porque no le perdoné que nuestro primer día de los enamorados me hubiese pegado. Me dijo lo de la reserva y decidí marcharme yo, porque él no lo haría jamás. Mi madre me dijo que me fuese a Mallorca con ella y a una compañera le dije "mañana no vuelvo, me voy para siempre", era la compañera en que más confiaba y no me equivoqué, me convenció en no dejar el trabajo, en solucionarlo bien, habló con el director y éste dijo algo que me ayudó moralmente, había sido vecino de mi marido mientras eran niños y sus padres seguían siéndolo. Le conocía y él no me dejaba apenas tratarle, pues también me acusaba de acostarme con él. Me dijo "no lo esperaba pero conociéndole no me sorprende en absoluto". Él llamó al centro de la mujer, mi compañera me llevó en su coche para no mover el mío y así mi marido no se enteraría, allí me dijeron todo lo que tenía que hacer, conseguir una baja, el libro de familia, copia de la escritura, de las declaraciones de la renta, una abogada. Esa tarde tenía que ir al trabajo e hice lo mismo, dejé el coche aparcado y fui con mi compañera a hablar con la abogada que ella conocía, llamó a su hermana que trabaja con un notario para tener la copia de la escritura al día siguiente y fui a mi médico a por la baja. Todo me iba bien, el suegro del psicólogo del centro de la mujer era inspector y me tramitó la baja sin problemas para poder salir, yo no podía decírselo a nadie, no me fiaba de nadie. Mi padre le convenció para que ese lunes día 17 me fuese "para que me viese un médico porque me veía mal" y él accedió. Fue muy duro. Ese fin de semana él se lo pasó yendo a la iglesia a rezar, me hacia la cena y me regaló unos pendientes de oro. Yo no le decía nada mal, ni le llevaba la contraria, tenía miedo de que se enterase de que me iba a ir y disimulaba aunque no podía comer y seguía vomitando.



Llegó el lunes y muy temprano se marchó a traerme una maleta más grande, pues no me cabía todo. Poco a poco había metido todos los documentos importantes en ella, mis joyas, la ropa esencial de abrigo para mis hijos, mi álbum de fotos de la infancia... y no cerraba un ojo hasta que él se dormía, tenía miedo de que la registrara, yo la tenia bajo la cama y de noche la velaba.



La noche anterior no podía dormir, miraba a mí alrededor, todo, todos los detalles, me asomaba y miraba mi ciudad, la que me había visto crecer, sabía que jamás regresaría y no quería olvidarme de nada. Miré mis libros, esos que habían sido compañeros de mi soledad tanto tiempo, los dejaba, como dejaba la casa que yo había deseado fuese un hogar, los juguetes de mis hijos, mis discos, todo, lo dejaba todo.



La mañana era eterna, no pasaban las horas, el avión salía a la una y yo estaba sentada en el sofá mirando mi casa, mi calle, nerviosa, muy nerviosa, el niño estaba contento iba a estar una semana sin cole y yo le miraba pensando qué sería de él y de mí, viendo su inocencia y sintiéndome culpable. Estaba mintiendo, mentía a todos.



A las doce nos fuimos hacia el aeropuerto, y yo deseaba embarcar, al pasar por el control los niños se despidieron con un beso, y entonces me cogió y me dio un beso en los labios, yo retiré mi cara y me dijo ¿qué pasa es que no me vas a perdonar? Yo le miré y le dije, "ya hablaremos" la voz apenas me salía y contuve las lágrimas. El guardia civil de la puerta me miró, le miró y no sé lo que vio, pero me acompañó hasta la puerta de embarque, iba a mi lado, me miraba y luego me dijo "buen viaje". Cuando el avión despegó ya no pude contener más las lágrimas, sentía pena y alivio a la vez, mi ciudad, mis amigos, mi casa, mi vida, lo dejaba todo. Huía como una delincuente, nadie me había despedido ni yo me había despedido de nadie. No podía dejar de mirar hasta que el avión llegó al mar y lo perdí todo de vista. La hora de viaje la pasé llorando y disimulando ante mis hijos.


2 comentarios: