No sabría explicar todo el daño sobre mi salud física y psíquica. Sé que empecé con él siendo una persona completamente sana, me pasaba el día en la calle y apenas me cansaba, claro que con 20 años ¿quien se cansa? Tenía muchísimas ilusiones y esperanzas, sabía o creía saber lo que esperaba y quería hacer en mi vida, seguía estudiando y pensaba seguir haciéndolo hasta conseguir esos sueños. Tenia bastantes amigas y me encantaba reír, salir, bailar… lo normal supongo.
Mi salud empezó a deteriorarse creo que al poco de nacer mi hijo, año y medio después de casarme, tenía que examinarme de la oposición, cuidar la casa y cuidar del crío, estaba demasiado estresada y ahora sé que no sólo no tuve su ayuda sino que tampoco su apoyo. Me examine a finales de junio y en julio, tenía que hacerlo fuera y aprobé. Él se empeñó en que renunciara, que no podría irme un año fuera y "quitarle a su hijo". Por otro lado mis padres me decían que eso era una locura, que sólo sería un curso escolar y la plaza era para toda la vida. Yo sabía que si renunciaba no trabajaría de interina de nuevo y pensar en volver a vivir echándome en cara que el dinero era suyo, que volviera a quitarme el coche por pagar él la gasolina y acusándome de malgastar lo suyo no lo soportaría, así que decidí no renunciar después de convencerle (creo que pensar en el dinero le bastó para acceder). Entonces mi suegra pretendió que el niño se quedara con ella y yo me fuese sola (el crío tenía 3 meses) y su venganza fue no volver a hablarnos. Con ese panorama estuve 10 meses fuera, en casa de mis padres, trabajando, cuidando de mi hijo, controlada por él, enfadándose conmigo cada vez que salía aunque fuese al cine con mi madre, si llamaba y no estaba… Ahí comenzó mi vitíligo, algo que me tiene deprimida y desesperada, dolores en un costado del que me hicieron pruebas de todo tipo y jamás dieron nada pero que me hacían estar tomando Buscapina cada día, mala circulación sanguínea con hinchazón de piernas… Vivía sintiéndome culpable por estar lejos, haberle apartado del crío, eso me hacía sentir.
A los diez meses volví, peor que como me fui y empezó un mayor control sobre mí y mucha más ansiedad porque de nuevo estaba sola para todo, la casa, el crío, el trabajo y él, soportar sus celos, sus desprecios, desplantes y los de su familia…
También empeoró mi salud, comencé a no tener la regla cada mes, a hincharme, retener liquido, perder el pelo, perdí mis rizos, me llené de canas (27 años), me salían eczemas en la cara, me dormía por los rincones, seguía con mis dolores.
Perdí las ganas de seguir estudiando, dejé psicopedagogía y deje los cursillos de formación, me conformé con lo que había conseguido que ni por asomo era lo que yo había soñado, pero ya no podía concentrarme, ni tenía el vocabulario de antes ni servía como lo había hecho hasta entonces. También perdí todas las ganas de salir a la calle, no veía a nadie, me hice autista social, él se sentía así mejor y yo también, pues tampoco era capaz de hilar una conversación, cada vez me costaba más explicarme y además físicamente me veía como un monstruo.
Estando así me costó tres años quedarme embarazada de nuevo, aguantando sus desplantes hacia mí por ser yo la culpable de no tener otro hijo. Tras nacer mi hija y después de un embarazo horroroso, de nuevo empieza a empeorar mi salud, desarrollo un hipotiroidismo que me hace sentir en los primeros síntomas fatal, hecha un asco y peregrinando por médicos porque todos acusaban mi estado a depresión posparto y él, él ni me hacia caso. Al año empiezo a tener vértigos y mareos, siento unas angustias horrorosas hacia la comida, vomito bastante, no me apetece comer nada, en mi estómago sentía un nudo continuo, no soy ya capaz de salir sola a la calle, me da miedo la calle de noche por lo que no saco ni la basura, cuando conduzco lo hago con pánico y con todas las puertas cerradas con seguro, camino siempre asustada pensando que me podrían hacer daño, como si fuese un cordero en un mundo de lobos, sólo me sentía bien en casa y mientras él trabajaba.
En 11 años consiguió no sólo aislarme del mundo y de mis amigos, consiguió que yo misma me despreciase y me aislará de todos, que no fuese capaz de hacer amigos, que no fuese capaz de seguir estudiando, que dejara hasta de ser capaz de leer, de concentrarme, y de llevarme de recuerdo dos enfermedades crónicas con las que vivir.
Mi salud empezó a deteriorarse creo que al poco de nacer mi hijo, año y medio después de casarme, tenía que examinarme de la oposición, cuidar la casa y cuidar del crío, estaba demasiado estresada y ahora sé que no sólo no tuve su ayuda sino que tampoco su apoyo. Me examine a finales de junio y en julio, tenía que hacerlo fuera y aprobé. Él se empeñó en que renunciara, que no podría irme un año fuera y "quitarle a su hijo". Por otro lado mis padres me decían que eso era una locura, que sólo sería un curso escolar y la plaza era para toda la vida. Yo sabía que si renunciaba no trabajaría de interina de nuevo y pensar en volver a vivir echándome en cara que el dinero era suyo, que volviera a quitarme el coche por pagar él la gasolina y acusándome de malgastar lo suyo no lo soportaría, así que decidí no renunciar después de convencerle (creo que pensar en el dinero le bastó para acceder). Entonces mi suegra pretendió que el niño se quedara con ella y yo me fuese sola (el crío tenía 3 meses) y su venganza fue no volver a hablarnos. Con ese panorama estuve 10 meses fuera, en casa de mis padres, trabajando, cuidando de mi hijo, controlada por él, enfadándose conmigo cada vez que salía aunque fuese al cine con mi madre, si llamaba y no estaba… Ahí comenzó mi vitíligo, algo que me tiene deprimida y desesperada, dolores en un costado del que me hicieron pruebas de todo tipo y jamás dieron nada pero que me hacían estar tomando Buscapina cada día, mala circulación sanguínea con hinchazón de piernas… Vivía sintiéndome culpable por estar lejos, haberle apartado del crío, eso me hacía sentir.
A los diez meses volví, peor que como me fui y empezó un mayor control sobre mí y mucha más ansiedad porque de nuevo estaba sola para todo, la casa, el crío, el trabajo y él, soportar sus celos, sus desprecios, desplantes y los de su familia…
También empeoró mi salud, comencé a no tener la regla cada mes, a hincharme, retener liquido, perder el pelo, perdí mis rizos, me llené de canas (27 años), me salían eczemas en la cara, me dormía por los rincones, seguía con mis dolores.
Perdí las ganas de seguir estudiando, dejé psicopedagogía y deje los cursillos de formación, me conformé con lo que había conseguido que ni por asomo era lo que yo había soñado, pero ya no podía concentrarme, ni tenía el vocabulario de antes ni servía como lo había hecho hasta entonces. También perdí todas las ganas de salir a la calle, no veía a nadie, me hice autista social, él se sentía así mejor y yo también, pues tampoco era capaz de hilar una conversación, cada vez me costaba más explicarme y además físicamente me veía como un monstruo.
Estando así me costó tres años quedarme embarazada de nuevo, aguantando sus desplantes hacia mí por ser yo la culpable de no tener otro hijo. Tras nacer mi hija y después de un embarazo horroroso, de nuevo empieza a empeorar mi salud, desarrollo un hipotiroidismo que me hace sentir en los primeros síntomas fatal, hecha un asco y peregrinando por médicos porque todos acusaban mi estado a depresión posparto y él, él ni me hacia caso. Al año empiezo a tener vértigos y mareos, siento unas angustias horrorosas hacia la comida, vomito bastante, no me apetece comer nada, en mi estómago sentía un nudo continuo, no soy ya capaz de salir sola a la calle, me da miedo la calle de noche por lo que no saco ni la basura, cuando conduzco lo hago con pánico y con todas las puertas cerradas con seguro, camino siempre asustada pensando que me podrían hacer daño, como si fuese un cordero en un mundo de lobos, sólo me sentía bien en casa y mientras él trabajaba.
En 11 años consiguió no sólo aislarme del mundo y de mis amigos, consiguió que yo misma me despreciase y me aislará de todos, que no fuese capaz de hacer amigos, que no fuese capaz de seguir estudiando, que dejara hasta de ser capaz de leer, de concentrarme, y de llevarme de recuerdo dos enfermedades crónicas con las que vivir.
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