Llevaba un año que ya no me sentía nada ni nadie. Había aguantado el último desprecio por parte de su familia en las navidades anteriores (2001). Nos habían invitado a cenar en nochevieja a casa de su hermano y al llegar nos dijeron "éramos pocos y parió la abuela ¿como se os ocurre venir con los niños?" yo CREI morir, mi hijo tenía 7 años y se quedó parado, pero su papá se sentó a comer mientras yo decía pues nos vamos. Él seguía ahí sentado, como si nada, nada le molestaba. Al final pusieron al niño una silla y un plato y a la pequeña me la arrimé en el cochecito. Nunca se lo perdoné, ni a él ni al resto, era la primera vez que me invitaban y menudo chasco.
A partir de ese momento empecé a sentirme fatal, no dormía, tenía más vértigos que nunca e iba viendo demasiados desplantes por su parte que no aguantaba. El año 2002 fue un año entero que pasé a su lado pero deseando no estarlo, incluso soñaba que se moría. Llegó la boda de su hermano con mi mejor amiga, mi amiga desde la infancia, la que había estado conmigo siempre y como se encargaron de ponerla en mi contra ni siquiera me hablaba y puso como condición ir a su boda sin los niños, sabía lo que más me dolía y no fui. Así que su familia rompió con él por ese feo y él me culpaba a mí. Yo ya no podía más, me sentía muerta por dentro. Un día me metí en el baño, cogí una cuchilla, llené la bañera y quise acabar con todo, pero mi hija empezó a llorar y a llamarme desde su habitación, se había despertado y ya no pude hacerlo, ella me salvó.
En otoño me compré el ordenador, necesitaba aprender a manejarlo para el trabajo, y al final cedió. Cuando tuve Internet me pasaba el día buscando paginas sobre malos tratos, necesitaba convencerme a mi misma de que tenia razón, estaba siendo maltratada, lo vi claro, pero no me había vuelto a pegar desde que amenacé con dejarle, y sus puños iban al lado de mi cara, a la pared, con un "no, no te voy a pegar, no te voy a dar el gusto", y no, no me pegaba. Empecé a entrar en un canal de chat y me divertía, al principio solo leía y me sentía acompañada, al perder a mi amiga ya no veía a nadie. En febrero de 2003 tuvimos una gran bronca, había empezado a hablar algo y él se cabreó, decía que me oía teclear y que se había acabado el ordenador, yo lloraba le juraba que solo hablaba con un par de chicas, pero él no me creía como de costumbre y yo no mentía. Me prohibió Internet así que sólo lo abría cuando él no estaba siempre con miedo de que apareciera o llamase para ver si estaba conectada o no.
Ya tenía una angustia más, me había quitado todo y ahora me quitaba mi único entretenimiento. Empecé a odiarle, a odiar esos interrogatorios en los que insinuaba cosas que luego decía que yo malinterpretaba que solo se preocupaba por mi, a odiar estar a su lado, verle, todo.
Una noche (domingo) mientras mi hijo cenaba él veía el fútbol, era lo único que le importaba, sus partidos, el Madrid iba ganando y yo estaba tranquila por que si perdía tenía bronca segura (viendo el fútbol bebía sin parar). En el descanso me dijo que llamara a una hamburguesería a pedir unos sándwiches. Cuando cogí la guía no encontré el número, ni por un nombre, ni por otro, no había manera. Entonces se puso furioso: "joder, coño, tan lista que eres para unas cosas y lo gilipollas que era para otras, solo te importa tu trabajo y tu ordenador, hija de puta ya no te ocupas de tu familia". Yo salté, le dije que ya, que se había acabado, que no podía más, miré a mi hijo, seguía comiendo con la cabeza agachada sin querer mirar y le dije "te dije que delante del niño no, que eso no lo aguantaba" me dijo "como si el niño no supiera lo hija de puta que eres".
Me fui a dormir llorando, al día siguiente y como siempre hizo como si nada hubiera pasado, pero yo ya no podía mas y le pedí la separación, ya podéis imaginar sus lágrimas, su no volverá a pasar, perdóname, te quiero mucho, pero yo ya no podía perdonarle más. Así llegué hasta el miércoles, él decía que no se iba, fue al hospital por un ataque de ansiedad, lloraba todo el día, hacía que era un buen padre, pero yo sólo vomitaba, es lo que recuerdo, el día entero vomitando. El jueves llame a mi madre, él no se iba a ir, había incluso reservado una mesa para ese viernes que era el día de los enamorados, aunque jamás lo celebramos porque no le perdoné que nuestro primer día de los enamorados me hubiese pegado. Me dijo lo de la reserva y decidí marcharme yo, porque él no lo haría jamás. Mi madre me dijo que me fuese a Mallorca con ella y a una compañera le dije "mañana no vuelvo, me voy para siempre", era la compañera en que más confiaba y no me equivoqué, me convenció en no dejar el trabajo, en solucionarlo bien, habló con el director y éste dijo algo que me ayudó moralmente, había sido vecino de mi marido mientras eran niños y sus padres seguían siéndolo. Le conocía y él no me dejaba apenas tratarle, pues también me acusaba de acostarme con él. Me dijo "no lo esperaba pero conociéndole no me sorprende en absoluto". Él llamó al centro de la mujer, mi compañera me llevó en su coche para no mover el mío y así mi marido no se enteraría, allí me dijeron todo lo que tenía que hacer, conseguir una baja, el libro de familia, copia de la escritura, de las declaraciones de la renta, una abogada. Esa tarde tenía que ir al trabajo e hice lo mismo, dejé el coche aparcado y fui con mi compañera a hablar con la abogada que ella conocía, llamó a su hermana que trabaja con un notario para tener la copia de la escritura al día siguiente y fui a mi médico a por la baja. Todo me iba bien, el suegro del psicólogo del centro de la mujer era inspector y me tramitó la baja sin problemas para poder salir, yo no podía decírselo a nadie, no me fiaba de nadie. Mi padre le convenció para que ese lunes día 17 me fuese "para que me viese un médico porque me veía mal" y él accedió. Fue muy duro. Ese fin de semana él se lo pasó yendo a la iglesia a rezar, me hacia la cena y me regaló unos pendientes de oro. Yo no le decía nada mal, ni le llevaba la contraria, tenía miedo de que se enterase de que me iba a ir y disimulaba aunque no podía comer y seguía vomitando.
Llegó el lunes y muy temprano se marchó a traerme una maleta más grande, pues no me cabía todo. Poco a poco había metido todos los documentos importantes en ella, mis joyas, la ropa esencial de abrigo para mis hijos, mi álbum de fotos de la infancia... y no cerraba un ojo hasta que él se dormía, tenía miedo de que la registrara, yo la tenia bajo la cama y de noche la velaba.
La noche anterior no podía dormir, miraba a mí alrededor, todo, todos los detalles, me asomaba y miraba mi ciudad, la que me había visto crecer, sabía que jamás regresaría y no quería olvidarme de nada. Miré mis libros, esos que habían sido compañeros de mi soledad tanto tiempo, los dejaba, como dejaba la casa que yo había deseado fuese un hogar, los juguetes de mis hijos, mis discos, todo, lo dejaba todo.
La mañana era eterna, no pasaban las horas, el avión salía a la una y yo estaba sentada en el sofá mirando mi casa, mi calle, nerviosa, muy nerviosa, el niño estaba contento iba a estar una semana sin cole y yo le miraba pensando qué sería de él y de mí, viendo su inocencia y sintiéndome culpable. Estaba mintiendo, mentía a todos.
A las doce nos fuimos hacia el aeropuerto, y yo deseaba embarcar, al pasar por el control los niños se despidieron con un beso, y entonces me cogió y me dio un beso en los labios, yo retiré mi cara y me dijo ¿qué pasa es que no me vas a perdonar? Yo le miré y le dije, "ya hablaremos" la voz apenas me salía y contuve las lágrimas. El guardia civil de la puerta me miró, le miró y no sé lo que vio, pero me acompañó hasta la puerta de embarque, iba a mi lado, me miraba y luego me dijo "buen viaje". Cuando el avión despegó ya no pude contener más las lágrimas, sentía pena y alivio a la vez, mi ciudad, mis amigos, mi casa, mi vida, lo dejaba todo. Huía como una delincuente, nadie me había despedido ni yo me había despedido de nadie. No podía dejar de mirar hasta que el avión llegó al mar y lo perdí todo de vista. La hora de viaje la pasé llorando y disimulando ante mis hijos.
AGRADECIMIENTO
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Estos testimonios fueron publicados en la la web huellas-foro.es, gracias a su administradora y creadora Chantillí.
Ahora se publican aquí con la idea de ayudar a otras mujeres que se puedan sentir identificadas.
Gracias Chantillí y a tu web por tu inestimable ayuda.
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miércoles, 28 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
14-Cómo me influye el entorno
Bueno, creo que a mí, mi entorno, desde que me casé, jamás me ayudó. La segunda vez que me pegó, al mes y poco de casarnos, se me ocurrió llamar a mis suegros, tenía miedo, estaba como loco. Esa llamada le provocó aun más. Ellos vinieron, mi suegro habló con él mientras mi suegra sólo repetía "es como mi padre" una y mil veces, y le decía que si yo le dejaba jamás le dejaría volver a casa, que no tendría donde ir. Mi suegro no sé qué le dijo pero volvió al salón a decirme, "venga ya pasó, ahora no pasa nada, vamos a tomar una hamburguesa". Yo no daba crédito, me sentía dolorida por fuera pero sobre todo por dentro. Se marcharon y para él ya no había pasado nada... no sirvió de nada y nunca les volví a pedir ayuda.
En otra ocasión pedí ayuda a mi madre y ella se lo contó a un hermano. Esto me hizo sentirme traicionada pues me provocaba mucha vergüenza pero la solución que me dieron fue "te damos el nombre de un libro muy bueno que dice cómo separase para no perder al crío" o algo parecido..., ni un voy a verte, voy a buscarte, qué necesitas, nada, a un montón de kilómetros y solo me daban el nombre de un libro, provocando encima miedo a perder a mi hijo.
Mi mejor amiga, cuando le conté lo que pasaba me dijo que en todos los matrimonios había problemas, que cómo me iba a separar, que él me quería mucho, que intentara no provocarle sabiendo el carácter que tenía… Tampoco me ayudó.
Del resto me fui aislando yo, ya no era como antes, ni hablaba como antes, ni actuaba como antes, era una pobre amargada sin ganas de nada y fui perdiendo las amistades que tenía. Fui dejando de hablar, todo ello sumado al maltrato psicológico al que todos los miembros de la familia de él me propiciaban porque no sé cómo pero jamás actuaba, decía, pensaba, hacía... como ellos querían o esperaban. Al irme, una amiga me dijo que debí contar con ella, debí habérselo dicho, que cómo me callé, ¿pero como contarlo? Después de 11 años así, ¿ya a quién se lo iba a contar? Ya no merecía la pena pedir ayuda porque el "no", "la indiferencia" siempre estaban a mi lado y me hicieron ocultarme más
En otra ocasión pedí ayuda a mi madre y ella se lo contó a un hermano. Esto me hizo sentirme traicionada pues me provocaba mucha vergüenza pero la solución que me dieron fue "te damos el nombre de un libro muy bueno que dice cómo separase para no perder al crío" o algo parecido..., ni un voy a verte, voy a buscarte, qué necesitas, nada, a un montón de kilómetros y solo me daban el nombre de un libro, provocando encima miedo a perder a mi hijo.
Mi mejor amiga, cuando le conté lo que pasaba me dijo que en todos los matrimonios había problemas, que cómo me iba a separar, que él me quería mucho, que intentara no provocarle sabiendo el carácter que tenía… Tampoco me ayudó.
Del resto me fui aislando yo, ya no era como antes, ni hablaba como antes, ni actuaba como antes, era una pobre amargada sin ganas de nada y fui perdiendo las amistades que tenía. Fui dejando de hablar, todo ello sumado al maltrato psicológico al que todos los miembros de la familia de él me propiciaban porque no sé cómo pero jamás actuaba, decía, pensaba, hacía... como ellos querían o esperaban. Al irme, una amiga me dijo que debí contar con ella, debí habérselo dicho, que cómo me callé, ¿pero como contarlo? Después de 11 años así, ¿ya a quién se lo iba a contar? Ya no merecía la pena pedir ayuda porque el "no", "la indiferencia" siempre estaban a mi lado y me hicieron ocultarme más
sábado, 24 de octubre de 2009
10- efectos sobre la salud fisica y psiquica
No sabría explicar todo el daño sobre mi salud física y psíquica. Sé que empecé con él siendo una persona completamente sana, me pasaba el día en la calle y apenas me cansaba, claro que con 20 años ¿quien se cansa? Tenía muchísimas ilusiones y esperanzas, sabía o creía saber lo que esperaba y quería hacer en mi vida, seguía estudiando y pensaba seguir haciéndolo hasta conseguir esos sueños. Tenia bastantes amigas y me encantaba reír, salir, bailar… lo normal supongo.
Mi salud empezó a deteriorarse creo que al poco de nacer mi hijo, año y medio después de casarme, tenía que examinarme de la oposición, cuidar la casa y cuidar del crío, estaba demasiado estresada y ahora sé que no sólo no tuve su ayuda sino que tampoco su apoyo. Me examine a finales de junio y en julio, tenía que hacerlo fuera y aprobé. Él se empeñó en que renunciara, que no podría irme un año fuera y "quitarle a su hijo". Por otro lado mis padres me decían que eso era una locura, que sólo sería un curso escolar y la plaza era para toda la vida. Yo sabía que si renunciaba no trabajaría de interina de nuevo y pensar en volver a vivir echándome en cara que el dinero era suyo, que volviera a quitarme el coche por pagar él la gasolina y acusándome de malgastar lo suyo no lo soportaría, así que decidí no renunciar después de convencerle (creo que pensar en el dinero le bastó para acceder). Entonces mi suegra pretendió que el niño se quedara con ella y yo me fuese sola (el crío tenía 3 meses) y su venganza fue no volver a hablarnos. Con ese panorama estuve 10 meses fuera, en casa de mis padres, trabajando, cuidando de mi hijo, controlada por él, enfadándose conmigo cada vez que salía aunque fuese al cine con mi madre, si llamaba y no estaba… Ahí comenzó mi vitíligo, algo que me tiene deprimida y desesperada, dolores en un costado del que me hicieron pruebas de todo tipo y jamás dieron nada pero que me hacían estar tomando Buscapina cada día, mala circulación sanguínea con hinchazón de piernas… Vivía sintiéndome culpable por estar lejos, haberle apartado del crío, eso me hacía sentir.
A los diez meses volví, peor que como me fui y empezó un mayor control sobre mí y mucha más ansiedad porque de nuevo estaba sola para todo, la casa, el crío, el trabajo y él, soportar sus celos, sus desprecios, desplantes y los de su familia…
También empeoró mi salud, comencé a no tener la regla cada mes, a hincharme, retener liquido, perder el pelo, perdí mis rizos, me llené de canas (27 años), me salían eczemas en la cara, me dormía por los rincones, seguía con mis dolores.
Perdí las ganas de seguir estudiando, dejé psicopedagogía y deje los cursillos de formación, me conformé con lo que había conseguido que ni por asomo era lo que yo había soñado, pero ya no podía concentrarme, ni tenía el vocabulario de antes ni servía como lo había hecho hasta entonces. También perdí todas las ganas de salir a la calle, no veía a nadie, me hice autista social, él se sentía así mejor y yo también, pues tampoco era capaz de hilar una conversación, cada vez me costaba más explicarme y además físicamente me veía como un monstruo.
Estando así me costó tres años quedarme embarazada de nuevo, aguantando sus desplantes hacia mí por ser yo la culpable de no tener otro hijo. Tras nacer mi hija y después de un embarazo horroroso, de nuevo empieza a empeorar mi salud, desarrollo un hipotiroidismo que me hace sentir en los primeros síntomas fatal, hecha un asco y peregrinando por médicos porque todos acusaban mi estado a depresión posparto y él, él ni me hacia caso. Al año empiezo a tener vértigos y mareos, siento unas angustias horrorosas hacia la comida, vomito bastante, no me apetece comer nada, en mi estómago sentía un nudo continuo, no soy ya capaz de salir sola a la calle, me da miedo la calle de noche por lo que no saco ni la basura, cuando conduzco lo hago con pánico y con todas las puertas cerradas con seguro, camino siempre asustada pensando que me podrían hacer daño, como si fuese un cordero en un mundo de lobos, sólo me sentía bien en casa y mientras él trabajaba.
En 11 años consiguió no sólo aislarme del mundo y de mis amigos, consiguió que yo misma me despreciase y me aislará de todos, que no fuese capaz de hacer amigos, que no fuese capaz de seguir estudiando, que dejara hasta de ser capaz de leer, de concentrarme, y de llevarme de recuerdo dos enfermedades crónicas con las que vivir.
Mi salud empezó a deteriorarse creo que al poco de nacer mi hijo, año y medio después de casarme, tenía que examinarme de la oposición, cuidar la casa y cuidar del crío, estaba demasiado estresada y ahora sé que no sólo no tuve su ayuda sino que tampoco su apoyo. Me examine a finales de junio y en julio, tenía que hacerlo fuera y aprobé. Él se empeñó en que renunciara, que no podría irme un año fuera y "quitarle a su hijo". Por otro lado mis padres me decían que eso era una locura, que sólo sería un curso escolar y la plaza era para toda la vida. Yo sabía que si renunciaba no trabajaría de interina de nuevo y pensar en volver a vivir echándome en cara que el dinero era suyo, que volviera a quitarme el coche por pagar él la gasolina y acusándome de malgastar lo suyo no lo soportaría, así que decidí no renunciar después de convencerle (creo que pensar en el dinero le bastó para acceder). Entonces mi suegra pretendió que el niño se quedara con ella y yo me fuese sola (el crío tenía 3 meses) y su venganza fue no volver a hablarnos. Con ese panorama estuve 10 meses fuera, en casa de mis padres, trabajando, cuidando de mi hijo, controlada por él, enfadándose conmigo cada vez que salía aunque fuese al cine con mi madre, si llamaba y no estaba… Ahí comenzó mi vitíligo, algo que me tiene deprimida y desesperada, dolores en un costado del que me hicieron pruebas de todo tipo y jamás dieron nada pero que me hacían estar tomando Buscapina cada día, mala circulación sanguínea con hinchazón de piernas… Vivía sintiéndome culpable por estar lejos, haberle apartado del crío, eso me hacía sentir.
A los diez meses volví, peor que como me fui y empezó un mayor control sobre mí y mucha más ansiedad porque de nuevo estaba sola para todo, la casa, el crío, el trabajo y él, soportar sus celos, sus desprecios, desplantes y los de su familia…
También empeoró mi salud, comencé a no tener la regla cada mes, a hincharme, retener liquido, perder el pelo, perdí mis rizos, me llené de canas (27 años), me salían eczemas en la cara, me dormía por los rincones, seguía con mis dolores.
Perdí las ganas de seguir estudiando, dejé psicopedagogía y deje los cursillos de formación, me conformé con lo que había conseguido que ni por asomo era lo que yo había soñado, pero ya no podía concentrarme, ni tenía el vocabulario de antes ni servía como lo había hecho hasta entonces. También perdí todas las ganas de salir a la calle, no veía a nadie, me hice autista social, él se sentía así mejor y yo también, pues tampoco era capaz de hilar una conversación, cada vez me costaba más explicarme y además físicamente me veía como un monstruo.
Estando así me costó tres años quedarme embarazada de nuevo, aguantando sus desplantes hacia mí por ser yo la culpable de no tener otro hijo. Tras nacer mi hija y después de un embarazo horroroso, de nuevo empieza a empeorar mi salud, desarrollo un hipotiroidismo que me hace sentir en los primeros síntomas fatal, hecha un asco y peregrinando por médicos porque todos acusaban mi estado a depresión posparto y él, él ni me hacia caso. Al año empiezo a tener vértigos y mareos, siento unas angustias horrorosas hacia la comida, vomito bastante, no me apetece comer nada, en mi estómago sentía un nudo continuo, no soy ya capaz de salir sola a la calle, me da miedo la calle de noche por lo que no saco ni la basura, cuando conduzco lo hago con pánico y con todas las puertas cerradas con seguro, camino siempre asustada pensando que me podrían hacer daño, como si fuese un cordero en un mundo de lobos, sólo me sentía bien en casa y mientras él trabajaba.
En 11 años consiguió no sólo aislarme del mundo y de mis amigos, consiguió que yo misma me despreciase y me aislará de todos, que no fuese capaz de hacer amigos, que no fuese capaz de seguir estudiando, que dejara hasta de ser capaz de leer, de concentrarme, y de llevarme de recuerdo dos enfermedades crónicas con las que vivir.
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10- efectos sobre la salud fisica y psiquica
9- la recuperación tras el maltrato
Imagino que recuperarse es poder estar sin él, olvidar lo que te hizo, tener ánimo para afrontar tu vida cada día, para que nada te duela…
Yo lo tengo lejos, no le veo, no le hablo apenas, ni siquiera se de su vida, pero no tengo ganas de levantarme cada día, de afrontar la dureza de la vida…
Lo dejé todo, para ganar mi libertad, un derecho que me fue quitado desde que nací. Era un derecho y lo pagué caro, muy caro. Ahora soy libre sí, pero perdí mi tierra, mi hogar, mi familia, mis amigas, mis paisajes, mis olores, mi mar…
Soy libre para salir a la calle y no sé hacerlo, libre para hacer amigas y no las hago, libre para hablar por teléfono y apenas lo hago, libre para estar en Internet, eso sí, para estar aquí porque no sabría estar en otro lado… He perdido todo, para vivir en una ciudad que ni conozco, para ganarme algo que cualquier ser humano conoce y disfruta ¿es eso justo? ¿debo olvidarlo?
Fui a terapia, al poco de salir, pensaba que estaba más fuerte cuando tuve que dejarla, pero detrás vinieron más golpes, más dolor.
Ningún psicólogo hará que olvide eso, ninguna pastilla hará que deje de recordar, de añorar, ninguna terapia hará que mi vida deje de ser como es.
No estoy recuperada, lo sé, como sé que jamás lo estaré, que la pérdida ha sido demasiado fuerte, que mis sueños se han ido quedando en el camino y que me da miedo soñar más, porque ya no aguantaría más decepciones. Porque estoy sola con mis hijos y estar sola no es vivir sola, es sentirte sola, que a nadie le importas, que nadie sabe de ti, que molestan tus problemas, tus sentimientos, que no tienes con quién compartirlos, que no tienes con quién soñar, pero que es mejor estar así a creerte acompañada y que sea mentira.
Quizás no quiera recuperarme, quizás todos tengan razón, me he resignado… pero no hay otro modo de levantarte cada mañana si no te resignas a lo que has sido y eres. No habrá recuperación para mí, porque cuando un alma se rompe por tantos sitios, porque cuando te han robado todo, te han negado todo… ya no puedes recuperarte
Yo lo tengo lejos, no le veo, no le hablo apenas, ni siquiera se de su vida, pero no tengo ganas de levantarme cada día, de afrontar la dureza de la vida…
Lo dejé todo, para ganar mi libertad, un derecho que me fue quitado desde que nací. Era un derecho y lo pagué caro, muy caro. Ahora soy libre sí, pero perdí mi tierra, mi hogar, mi familia, mis amigas, mis paisajes, mis olores, mi mar…
Soy libre para salir a la calle y no sé hacerlo, libre para hacer amigas y no las hago, libre para hablar por teléfono y apenas lo hago, libre para estar en Internet, eso sí, para estar aquí porque no sabría estar en otro lado… He perdido todo, para vivir en una ciudad que ni conozco, para ganarme algo que cualquier ser humano conoce y disfruta ¿es eso justo? ¿debo olvidarlo?
Fui a terapia, al poco de salir, pensaba que estaba más fuerte cuando tuve que dejarla, pero detrás vinieron más golpes, más dolor.
Ningún psicólogo hará que olvide eso, ninguna pastilla hará que deje de recordar, de añorar, ninguna terapia hará que mi vida deje de ser como es.
No estoy recuperada, lo sé, como sé que jamás lo estaré, que la pérdida ha sido demasiado fuerte, que mis sueños se han ido quedando en el camino y que me da miedo soñar más, porque ya no aguantaría más decepciones. Porque estoy sola con mis hijos y estar sola no es vivir sola, es sentirte sola, que a nadie le importas, que nadie sabe de ti, que molestan tus problemas, tus sentimientos, que no tienes con quién compartirlos, que no tienes con quién soñar, pero que es mejor estar así a creerte acompañada y que sea mentira.
Quizás no quiera recuperarme, quizás todos tengan razón, me he resignado… pero no hay otro modo de levantarte cada mañana si no te resignas a lo que has sido y eres. No habrá recuperación para mí, porque cuando un alma se rompe por tantos sitios, porque cuando te han robado todo, te han negado todo… ya no puedes recuperarte
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