Estoy convencida de que todo empezó ya en el noviazgo. Si quedaba con amigas era mala y no le quería, no podía hablar con chicos, montaba números horrorosos en público, debía dedicarme a él y sólo a él.
Los preparativos de boda fueron solos para mí, en esa época su madre ya empezó a atosigarme y tratarme mal, incluso una vez me agarro del brazo y me marco los dedos, pero él siempre la disculpaba porque estaba "enferma" de los nervios. En ese ambiente y sin mi familia, estudiando, haciendo prácticas y dando clases particulares, fue como tuve que buscar iglesia, restaurante, viaje de bodas y vivir en una casa en obras porque había que arreglarla para vivir en ella.
Todo era agotador, aún no sé cómo conseguí hacerlo, apenas comía ni dormía. Cuatro meses antes de la boda me examiné de la oposición, no la saqué y ni tuvo una palabra amable ni de consuelo.
Quince días antes de la boda y tras una discusión me amenazó con dejarlo todo, con anular el viaje, iba a ir a devolver los billetes. Yo alucinaba, la discusión era una tontería y además el viaje lo había buscado yo y lo había pagado mi abuela. Ojala le hubiera hecho caso ese día y ahí habría acabado todo, pero no, ahí empezó.
El día de mi boda y en el banquete tuvimos la primera discusión de casados, más bien la tuvo él, yo disimulaba, estaba todo el mundo, era un bochorno. Resulta que hablaba demasiado con mis amigas, se habían acercado a la mesa varias veces, para hacernos una foto, para tirar el ramo, para felicitarme... en fin, yo a él no le hacia caso, según él, se sentía marginado. Esta discusión quedó grabada en el video de la boda, al final y yo pasaba vergüenza al enseñar el video por si alguien se daba cuenta. La noche de bodas la contaré en otro momento.
A los pocos días de luna de miel y por reprocharle que sólo dormía y veía la tele, que pasaba de mí, ni me hablaba y sólo me buscaba para la cama (que era mi obligación), me pegó. Me dejó sola en el hotel, hizo su maleta y se marchó. Yo lloraba, de dolor y de miedo ¿qué podía hacer? No tenia dinero, no conocía donde estaba. Se hizo de noche. No era capaz de moverme de la cama y volvió, lo hizo reprochándome que no le quería, que no había ido a buscarle. Yo le dije que no sabía dónde estaba y me dijo que él lo había avisado en recepción, que si su mujer salía que le dijeran que iba al aeropuerto.
Luego empezó a hablar de alguien que había visto exactamente igual a una conocida y otras tonterías, como si ya nada hubiera pasado. El resto de luna de miel os la podréis imaginar. Pasaba de mi, sólo me buscaba para el sexo con frases tipo venga, vamos a la cama y nada más.
Al volver empezaron los celos, se enfadaba si me veía arreglada o pintada cuando volvía a casa, y los interrogatorios, nunca le gustaba mi comida ni nada de lo que hacia, incluso se enfadaba por como doblaba los calcetines. No me dejaba coger mi coche, mi madre me lo dejó cuando marchó, pero claro, yo no trabajaba, el dinero era suyo, él pagaba la gasolina, por lo que el coche también lo era. Dejó claro que todo lo que había sido mío ahora era también suyo por habernos casado.
Económicamente estaba sin un duro, controlaba lo que gastaba y me decía que nunca debí haberle obligado a casarse, que él debería vivir la vida y gastar su dinero, que por casarse apenas tenía. Lo curioso es que era yo la que no quería casarme y él quien se empeñó, aunque eso jamás lo ha reconocido y para la casa me daba 30.000 Ptas. (año 92).
La segunda vez que me pegó fue el 14 de febrero de ese año, no llevábamos ni dos meses casados y era el día de los enamorados. El día antes había ido a la parroquia con una amiga mientras él iba a la UNED a sacarse el acceso para mayores de 25, algo que jamás consiguió. Al volver, tardé solo una hora y media, me dijo que nos había visto a las dos ligando por el puerto, que le había engañado, que no había ido donde le decía. Yo se lo negaba, pero no me creía, me sentía con mucha rabia, me llamó puta, de todo. Esa noche dormí en el sofá y por la mañana él se fue a trabajar. A media mañana me llegó un ramo de rosas rojas con un te quiero y lo tiré a la basura, le odiaba, me había hecho sentir una mierda, había dormido como un tronco y yo me había pasado la noche llorando. Cuando volvió me pegó, no debí tirarlo, se había gastado mucho, me decía. Yo corría por la casa llegué al cuarto y llamé a sus padres "su hijo me esta pegando", dije y él me agarro, me dio puñetazos, me tire en la cama boca abajo y me puso la espalda hecha un cristo.
Sus padres llegaron, la madre me decía "es como mi padre" y su padre hablaba con él. Cuando el padre dejo de hablar me dijo "venga arréglate que cruzamos a tomar una hamburguesa". Yo alucinaba, dije que no, que no salía y ¿sabéis? su padre jamás me perdonó ese desplante y yo nunca más confié en ellos.
A partir de ahí gastaba poco, no salía, lo dejé todo, apenas me arreglaba y solo estudiaba para poder trabajar, pero para él yo no hacia nada.
Cada tarde iba a ver a su madre y al oírle volver se me ponía un nudo en el estómago, volvía cabreado, la pagaba conmigo, yo estaba convencida de que su madre le envenenaba contra mi, ella me odiaba, pero una cuñada me dijo que la culpa era de él, que allí me ponía verde y su madre le seguía y calentaba más. Se lo dije y me lo negó, pero ahora estoy convencida de que era así.
En ese tiempo contaba los preservativos y una vez me dijo que le faltaba uno, que era una puta y me había acostado con otro. Dios qué mal lo pasé, qué mal lo pasaba. Luego se empeñó en que tenía que tener un hijo, yo no quería aún, quería sacar mi plaza antes, pero él se empeñaba. No conseguía quedarme y un día revolvió todos mis cajones buscando anticonceptivos, decía que era una cerda, una embustera y que le tomaba el pelo. Nunca encontró nada.
Gracias a Dios a los nueve meses de tortura empecé a trabajar de interina y eso calmó el ambiente. Ganaba el doble que él y el dinero le encantaba así que ya no había broncas por la economía, podía disponer de mi dinero y hacer lo que se le antojaba y dejó de echarme en cara que me mantenía. Trabajaba en adultos por la tarde así que llevaba la casa, seguía estudiando la oposición y trabajaba. Pero sus ataques de celos eran más frecuentes, no quería que hablase con mi compañero, un día este me trajo a casa porque no había luz y no podíamos dar clase y se puso como loco, así que jamás dejé que me volviera a llevar. Sólo éramos dos, mi compañero y yo, era un centro minúsculo en la zona más conflictiva y yo iba allí andando pues él coche solo lo podía usar él. En cuanto tuve mi primer sueldo lo dio de entrada para un coche nuevo junto con mi coche antiguo, falsificó la firma de mi madre que era su auténtica dueña y el nuevo lo puso a su nombre. Ahí perdí mi única propiedad.
Bueno, el resto de los 10 años no fueron muy diferentes, salvo en que yo cada vez hablaba menos con nadie, no salía, hacia sólo lo que él quería le obedecía en todo para que no se enfadase… Hay tantas cosas, tantas escenas, tantas humillaciones, pero creo que me he salido de tema, además ahora me siento fatal.
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