AGRADECIMIENTO

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Estos testimonios fueron publicados en la la web huellas-foro.es, gracias a su administradora y creadora Chantillí.



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sábado, 5 de septiembre de 2009

7-Cuando sospeché ser víctima de Maltrato

No sé cuándo empecé realmente a sospechar que era víctima de maltrato. He recordado no hace mucho que una vez, en el 96, llamé a un número de teléfono que salía en el teletexto de canal sur, pidiendo ayuda, me dijeron que le dejase y buscase un abogado... como si eso fuese fácil, me agobié, me sentí ridícula y colgué. Esto ya lo había olvidado, por lo que creo que mi mente se negaba a aceptarlo.

En los años siguientes, sentía un dolor de estómago cada vez que oía relatar historias de maltratos en televisión, si él estaba delante debía cambiar el canal porque a veces tenía miedo de que pudiese leer mis pensamientos, de que se diera cuenta de que yo pensaba que él no era mejor, que mi vida no era muy diferente y sentía como una gran culpabilidad por pensar así.

Creo que en el fondo él se daba cuenta porque comenzó en varias ocasiones a decir "vaya hijoputa hay suelto", "que cabrón" y cosas por el estilo, y claro, ese tipo de comentarios me hacían dudar más y sentirme peor por pensar que él podría ser como aquellos mal nacidos.

Recuerdo una vez que un anciano mató a su esposa enferma y yo, que en el fondo sabía que él se acabaría cansando de mí, le miré y le dije "tú no lo hagas ¿vale? A mí me internas en una residencia pero tú no lo hagas". Me miró con cara como de asco y odio y yo me sentí fatal, me di cuenta por primera vez que sabía que él era capaz de hacerme cualquier cosa.

Empecé a entrar entonces en Internet obsesionada en encontrar historias como la mía, personas como yo, que sintieran como yo y que fuesen capaces de ayudarme a disipar mis dudas. Leía cosas que iban haciendo que cada vez me creyera más a mi misma que a él, pero no fue hasta que lo conté por primera vez, que hablé con una desconocida, cuando oí esas palabras que yo no me atrevía pronunciar "eres una mujer maltratada".

Aun entonces tardé en decidirme a dar el paso, y he de reconocer que en muchísimos momentos en estos años en los que no estoy con él, he sentido de nuevo las dudas horrorosas de si lo era o no.

Por eso quería entrar aquí, escribir y recordar, al menos si lo he sido, no olvidarlo, reconocérmelo a mi misma y aprender a vivir con ello. Y sí, por ahora me está ayudando a dejar de sentirme culpable.

5-Migajas de Amor

Migajas de amor. Esa necesidad de cariño, de sentirte querida, respetada, de sentir que importas… esa necesidad que hace que veas esas migajas de cariño como algo especial.

En mi caso bastaba con hacerme una tortilla francesa la noche que no podía ni moverme para hacer cenas, bañarme a los niños cuando yo ya no podía tirar de mi alma, permitirme de pronto un día comprarme algo que jamás me permitía, no enfadarse por llegar "después de la hora", una simple sonrisa en pocas ocasiones... Cualquier cosa valía para que yo olvidase lo que realmente sentía junto a él, cualquier mínimo detalle para ignorar lo poco que le importaba. Con migajas me conformaba porque cuando estás tan necesitada de cariño ya no pides mucho, no pides nada y agradeces en demasía lo poco que se te da.

Migajas de cariño que hacen que la vida ya no sea más que eso, esperar a que te tiren tus migajas.

Como el perro que espera una caricia, esa soy yo.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

3- Evolución del maltrato

Bueno, supongo y se que el maltrato comenzó en el noviazgo, lo que no sé es cuándo ni cómo. Evidentemente era una presa fácil como me supongo que lo soy ahora. Necesitada de cariño, con ganas de salir de casa y esa sensación de querer ser tal y cómo las demás y por supuesto de sentirme dueña de mi propia vida.

Ya hubo escenitas de celos, control y perdones antes de casarme, era sin duda maltrato psicológico, sus llantos, el hacerme sentir que yo no le quería tanto como él a mí, sus historias dándome pena... La primera agresión física fue en el mismo viaje de novios, y sólo sentí humillación, culpa y ganas de morirme, en ningún momento sentí deseos de venganza u odio, aunque eso no significa que hubiera esperado eso.

La segunda vez a menos de dos meses de casados, en esta ocasión reaccioné pidiendo ayuda y aunque a él le molestó creo que sirvió para que esas agresiones violentas desaparecieran, aunque no sé si fue mejor o peor porque el control psicológico, el daño moral siguió y fue en aumento y es difícil darse cuenta y pedir ayuda por esa causa.

Al nacer mi hijo creo que a él le sirvió para sentir que le pertenecía aún más o que me controlaba totalmente, sólo vivía para la casa, el niño y el trabajo. Su control psicológico fue grandísimo y yo estaba agotada física y mentalmente. Hubo golpes a puertas, insultos, roturas de puertas y cristales, piezas de vajillas, etc., pero no como para que yo fuese consciente de que necesitara ayuda o de que eso estaba mal, me sentía culpable y causante de tantos gritos, así que mi actitud, mi carácter, mis gustos, mi YO desapareció para ir dando lugar a una persona completamente diferente, que a él le gustase y que no provocase sus neuras.

Ya al nacer mi hija el control era muchísimo mayor, pero también mi madurez y mi necesidad de sentirme persona, de sacar mi yo ante él, y empecé a ser consciente de que eso era injusto, de que no me merecía tanto, de que ya no podía más… pero su empeño en controlarme, humillarme y hacerme sentir insignificante no cesaba y por supuesto siempre estaba latente aquel miedo a una nueva agresión, de esas esporádicas que surgían de vez en cuando y me dejaban descolocada ¿era maltrato?

No entiendo como ocurrió todo, como me controló y me cambió de la forma que lo hizo, no entiendo cuando empezó ni por qué, sólo sé que siempre estuve a su merced, que el miedo que me provocaba no era sólo físico sino sobre todo psicológico, que sus desprecios me dolían porque él era lo único que tenía y sobre todo porque jamás entendía lo que hacía mal para que él no me quisiera.

2-Los primeros Signos del maltrato

Estoy convencida de que todo empezó ya en el noviazgo. Si quedaba con amigas era mala y no le quería, no podía hablar con chicos, montaba números horrorosos en público, debía dedicarme a él y sólo a él.

Los preparativos de boda fueron solos para mí, en esa época su madre ya empezó a atosigarme y tratarme mal, incluso una vez me agarro del brazo y me marco los dedos, pero él siempre la disculpaba porque estaba "enferma" de los nervios. En ese ambiente y sin mi familia, estudiando, haciendo prácticas y dando clases particulares, fue como tuve que buscar iglesia, restaurante, viaje de bodas y vivir en una casa en obras porque había que arreglarla para vivir en ella.

Todo era agotador, aún no sé cómo conseguí hacerlo, apenas comía ni dormía. Cuatro meses antes de la boda me examiné de la oposición, no la saqué y ni tuvo una palabra amable ni de consuelo.

Quince días antes de la boda y tras una discusión me amenazó con dejarlo todo, con anular el viaje, iba a ir a devolver los billetes. Yo alucinaba, la discusión era una tontería y además el viaje lo había buscado yo y lo había pagado mi abuela. Ojala le hubiera hecho caso ese día y ahí habría acabado todo, pero no, ahí empezó.


El día de mi boda y en el banquete tuvimos la primera discusión de casados, más bien la tuvo él, yo disimulaba, estaba todo el mundo, era un bochorno. Resulta que hablaba demasiado con mis amigas, se habían acercado a la mesa varias veces, para hacernos una foto, para tirar el ramo, para felicitarme... en fin, yo a él no le hacia caso, según él, se sentía marginado. Esta discusión quedó grabada en el video de la boda, al final y yo pasaba vergüenza al enseñar el video por si alguien se daba cuenta. La noche de bodas la contaré en otro momento.

A los pocos días de luna de miel y por reprocharle que sólo dormía y veía la tele, que pasaba de mí, ni me hablaba y sólo me buscaba para la cama (que era mi obligación), me pegó. Me dejó sola en el hotel, hizo su maleta y se marchó. Yo lloraba, de dolor y de miedo ¿qué podía hacer? No tenia dinero, no conocía donde estaba. Se hizo de noche. No era capaz de moverme de la cama y volvió, lo hizo reprochándome que no le quería, que no había ido a buscarle. Yo le dije que no sabía dónde estaba y me dijo que él lo había avisado en recepción, que si su mujer salía que le dijeran que iba al aeropuerto.

Luego empezó a hablar de alguien que había visto exactamente igual a una conocida y otras tonterías, como si ya nada hubiera pasado. El resto de luna de miel os la podréis imaginar. Pasaba de mi, sólo me buscaba para el sexo con frases tipo venga, vamos a la cama y nada más.

Al volver empezaron los celos, se enfadaba si me veía arreglada o pintada cuando volvía a casa, y los interrogatorios, nunca le gustaba mi comida ni nada de lo que hacia, incluso se enfadaba por como doblaba los calcetines. No me dejaba coger mi coche, mi madre me lo dejó cuando marchó, pero claro, yo no trabajaba, el dinero era suyo, él pagaba la gasolina, por lo que el coche también lo era. Dejó claro que todo lo que había sido mío ahora era también suyo por habernos casado.

Económicamente estaba sin un duro, controlaba lo que gastaba y me decía que nunca debí haberle obligado a casarse, que él debería vivir la vida y gastar su dinero, que por casarse apenas tenía. Lo curioso es que era yo la que no quería casarme y él quien se empeñó, aunque eso jamás lo ha reconocido y para la casa me daba 30.000 Ptas. (año 92).

La segunda vez que me pegó fue el 14 de febrero de ese año, no llevábamos ni dos meses casados y era el día de los enamorados. El día antes había ido a la parroquia con una amiga mientras él iba a la UNED a sacarse el acceso para mayores de 25, algo que jamás consiguió. Al volver, tardé solo una hora y media, me dijo que nos había visto a las dos ligando por el puerto, que le había engañado, que no había ido donde le decía. Yo se lo negaba, pero no me creía, me sentía con mucha rabia, me llamó puta, de todo. Esa noche dormí en el sofá y por la mañana él se fue a trabajar. A media mañana me llegó un ramo de rosas rojas con un te quiero y lo tiré a la basura, le odiaba, me había hecho sentir una mierda, había dormido como un tronco y yo me había pasado la noche llorando. Cuando volvió me pegó, no debí tirarlo, se había gastado mucho, me decía. Yo corría por la casa llegué al cuarto y llamé a sus padres "su hijo me esta pegando", dije y él me agarro, me dio puñetazos, me tire en la cama boca abajo y me puso la espalda hecha un cristo.

Sus padres llegaron, la madre me decía "es como mi padre" y su padre hablaba con él. Cuando el padre dejo de hablar me dijo "venga arréglate que cruzamos a tomar una hamburguesa". Yo alucinaba, dije que no, que no salía y ¿sabéis? su padre jamás me perdonó ese desplante y yo nunca más confié en ellos.

A partir de ahí gastaba poco, no salía, lo dejé todo, apenas me arreglaba y solo estudiaba para poder trabajar, pero para él yo no hacia nada.

Cada tarde iba a ver a su madre y al oírle volver se me ponía un nudo en el estómago, volvía cabreado, la pagaba conmigo, yo estaba convencida de que su madre le envenenaba contra mi, ella me odiaba, pero una cuñada me dijo que la culpa era de él, que allí me ponía verde y su madre le seguía y calentaba más. Se lo dije y me lo negó, pero ahora estoy convencida de que era así.

En ese tiempo contaba los preservativos y una vez me dijo que le faltaba uno, que era una puta y me había acostado con otro. Dios qué mal lo pasé, qué mal lo pasaba. Luego se empeñó en que tenía que tener un hijo, yo no quería aún, quería sacar mi plaza antes, pero él se empeñaba. No conseguía quedarme y un día revolvió todos mis cajones buscando anticonceptivos, decía que era una cerda, una embustera y que le tomaba el pelo. Nunca encontró nada.

Gracias a Dios a los nueve meses de tortura empecé a trabajar de interina y eso calmó el ambiente. Ganaba el doble que él y el dinero le encantaba así que ya no había broncas por la economía, podía disponer de mi dinero y hacer lo que se le antojaba y dejó de echarme en cara que me mantenía. Trabajaba en adultos por la tarde así que llevaba la casa, seguía estudiando la oposición y trabajaba. Pero sus ataques de celos eran más frecuentes, no quería que hablase con mi compañero, un día este me trajo a casa porque no había luz y no podíamos dar clase y se puso como loco, así que jamás dejé que me volviera a llevar. Sólo éramos dos, mi compañero y yo, era un centro minúsculo en la zona más conflictiva y yo iba allí andando pues él coche solo lo podía usar él. En cuanto tuve mi primer sueldo lo dio de entrada para un coche nuevo junto con mi coche antiguo, falsificó la firma de mi madre que era su auténtica dueña y el nuevo lo puso a su nombre. Ahí perdí mi única propiedad.

Bueno, el resto de los 10 años no fueron muy diferentes, salvo en que yo cada vez hablaba menos con nadie, no salía, hacia sólo lo que él quería le obedecía en todo para que no se enfadase… Hay tantas cosas, tantas escenas, tantas humillaciones, pero creo que me he salido de tema, además ahora me siento fatal.

1-La seducción

Le conocí a los 19 años, él tenia 28. Yo no había tenido novio jamás y mi vida en mi familia no era muy buena. Ese año mi hermano pequeño se acababa de escapar de casa, con 15 años, se fue por Marruecos y llegó hasta Níger. Mi madre estaba destrozada, tres meses llorando hasta que apareció, mí casa era un horror, se culpaban unos a otros, intentaba concentrarme en mis estudios y me sentía muy sola.

Al conocerle no me atrajo pero desde el primer momento dio por hecho, por comentarios, no sé cómo explicarlo, que sería para él. Aun así y su insistencia no salí con él hasta un año después, pero ¿sabéis? es curioso, él siempre decía que yo llevaba con él desde los 19 años y por más que se lo negaba insistía en estar en lo cierto. Creo que desde que me conoció me consideró de su propiedad.

Estuvimos saliendo tres años, parecía que me quería, aunque visto desde la distancia creo que nunca me quiso. Tardó en aprender mi nombre, me llamaba por el de mi amiga, decía que es que cuando se interesó por mi y preguntó a sus hermanos (chicos de la pandilla de mi amiga) confundió los nombres. Sólo nos veíamos los fines de semana y apenas me llamaba, más bien jamás. Nos veíamos viernes y sábados por la noche y el domingo para ir al cine. Yo estudiaba y daba clases particulares y él "no quería molestar". A mí me hacia bien estar con él, me sentía querida y respetada por primera vez en mi vida.

Durante la relación hubo ataques de celos, muchísimos, y numeritos en público. Cuando quise dejarle montó en cólera, se tiró por una cuneta rodando, no era muy alta pero me asusté muchísimo. Incluso me levantó la mano de novios pero no me pegó, en mi casa me pegaban y él no lo hizo y qué idiota, me pareció la mejor persona del mundo.

También utilizaba la pena, su padre le odiaba, su madre estaba enferma (luego supe que era alcohólica y que él marido la había maltratado), veía que la relación con el padre era muy distante, su padre quería que trabajase y le diese el dinero, de hecho a todos los hermanos los quitaron de estudiar para que trabajasen a los 14 y a la hermana para que llevase la casa. Él estaba en paro y la relación era mala. Pero la relación con sus hermanos se veía fenomenal y eso a mi me llegaba al alma, pensaba que por fin la vida me daría la familia que nunca tuve.

Yo seguía estudiando, no quería casarme hasta ganar la oposición pero en el año 91 mis padres decidieron irse a vivir a otro lugar, lejos. Yo no quería ir con ellos, quería salir de esa familia y entonces el aprobó una oposición y quería casarse. Al principio me asusté, pero no sabía que hacer, insistió mucho, estaba mal en su casa, tenia 32 años, no quería un noviazgo más largo, si salíamos era para tener una familia, etc. Ese año me casé y viví once años de infierno.